Una brújula por favor…

Todos en nuestra vida tenemos muy claros nuestros principios, sean los que sean. Nuestros blancos y nuestros negros los tenemos fijos. Y creo que nunca vamos a llegar a esos extremos. Lo que sí es cierto es que nos movemos en una escala de grises muy amplia y hay momentos en la vida que nos fuerzan a reorganizar los grises.

¿Nunca han sentido que una pieza del rompecabezas no encaja en la escala de grises? Está claro que hay que acomodarla de otra manera. Siempre ha estado ahí y sin embargo, algo nos sacude y nos hace ver que no corresponde a ese lugar, sino que paradójicamente queda mejor en otro que nunca habíamos notado. ¿Qué criterio hay que usar si el blanco sigue siendo blanco y el negro sigue siendo negro?

Lo bueno es bueno. No va a cambiar por el reacomodo de una pieza intermedia, el blanco sigue inamovible. Tal vez entonces, no sea una pieza tan importante, la podemos cambiar sin afectar lo que es realmente valioso: nuestros principios.

En esos momentos de confusión me gusta aplicar un criterio que escuché alguna vez: «Ante la duda… ama». Ciertamente, esta frase no resuelve todo, porque ¿qué es amar? En esta decisión, ¿estoy amando o no estoy amando? ¿Podría amar mejor de otra manera?

La respuesta a la pregunta del amor la lleva buscando el ser humano durante milenios y sigue siendo un enigma. Tanto, que por amor la gente mata y se sacrifica, consiente, maleduca, se entrega y llora… Creo que todos vamos juntos en esta búsqueda y el que encuentra la respuesta a este enigma es el que llega a ser plenamente feliz en su vida, en cualquier condición: rico, pobre, enfermo, exitoso, fracasado, casado, soltero.

Esta es nuestra meta: ser felices, como decía John F. Kennedy: «La felicidad no se consigue al final del camino, sino a lo largo de él».