¿Le darías tu vida a Dios?

Varios pensamientos me vienen a la cabeza en este momento. Aunque todos ellos pudieran ser una extraña obra de ficción, son verdad. Están basados en experiencias reales, gente real.

Nuestro mundo está en crisis, y lo podríamos describir como una situación con múltiples aristas. Pienso que lo que le afecta a una, repercute en todas las demás. Así que hoy solamente hablaré de una de las aristas de la crisis actual: la confianza.

Un buen amigo mío va a ser sacerdote. Tengo otros cuantos que ya lo son y alguno que le falta poco para ordenarse. La pregunta interesante es: ¿Cómo en un mundo en que se desconfía de todo, hay gente que puede confiar en algo que no se ve? Es una pregunta que podría estar en una película y detonar la imaginación de muchos genios cineastas.

¿Qué hicieron los doctores para salvar a tu hija?– le preguntó el entrevistador a Emilio. Hicieron todo lo que sabían y no la pudieron salvar–respondió él – y por eso es un milagro que mi hija esté viva. ¿Tú crees que fue Dios? – inquirió el locutor. Estoy seguro de que fue Dios – contestó Emilio. Si no vives experiencias como las de Emilio es muy difícil creer en Dios.

Sin embargo, miles de hombres y mujeres en todo el mundo lo ven claramente, a veces sin experimentar un accidente o un golpe de suerte. Porque para ellos, Dios es más que un ser cósmico (que lo es). Es más que el amor entre los seres humanos (que también lo es). Para ellos Dios es alguien que habla y que busca una respuesta. Llama y espera. Ve y escucha. Es un ser vivo, real.

La humanidad puede dormir tranquila mientras existan personas que confíen en lo que no se ve. Porque al hacerlo, confirman que existe algo más grande e importante que cualquiera de nosotros. A algunos no les gusta someterse, entregarse o dejarse controlar por ese ser tan inmensamente poderoso. A ellos no les importa, porque saben que se han quedado con la mejor parte. Porque entre la duda y la confianza, ésta última es la mejor. Porque la duda genera miedo, el miedo genera odio, y el odio destruye todo, poco a poco.

Rezo diario para que todas las personas que consagran su vida a Dios sean fieles… no pederastas, no interesados, no corruptos… fieles y santos como lo han sido muchísimos a lo largo de la historia. Puedo dormir tranquilo, porque ellos entregan su vida por nosotros. Son una muestra de que Dios sigue amando a la humanidad, tanto, que pone a su servicio a estos hombres y mujeres.

No es ficción, es realidad. Ellos existen, y nunca saldrán en los periódicos o serán objeto de escándalo. Trabajan en silencio, con la alegría de la esperanza, constantes en la tribulación y perseverantes en la oración.