¡Qué bonito es no tener coche!

Los días que no tengo coche me hacen reflexionar. Es muy bueno no tener que preocuparse por el estacionamiento, el tráfico y otras cosas que acompañan al hecho de no disponer de un “vehículo automotor” (citando a una gran amiga mía).

Pero debo confesar algo: Hoy que hablé antes de las 5:00PM para pedir un taxi que pasara puntualmente por mí a las 6 de la tarde, estaba muy tranquilo. Cuando eran las 6:10 y no llegaba, me empecé a cuestionar si todo estaría bien. Volví a marcar el teléfono para preguntar si la unidad se encontraba cerca y la amable señorita tuvo a bien aclararme que había olvidado mi petición. Me aseguró que el taxi estaría en mi oficina en 10 minutos. El simpático taxista terminó pasando por mí media hora después de mi llamada. Gracias al cielo, decidió tomar periférico a las 6:45 de la tarde para pasar unos bonitos 40 minutos atorados justo enfrente del Walmart del Toreo.

Llegué a mi cita una hora más tarde de lo calculado. Por suerte, mi amigo no se había retirado del lugar. Analizándolo ahora parece chistoso, quizá estúpido. Pero en el momento pude haberle arrancado la cabeza a un osito de peluche de todo el coraje que tenía. Mis respetos para todos aquellos que no pueden calcular sus tiempos y que esperan bajo la lluvia a que el camión pase por ellos, de verdad los admiro.