¿Qué me vas a decir?

El otro día me estaba acordando de una anécdota muy conocida en la filosofía. Sócrates, gran filósofo que marcaría para siempre esta disciplina, estaba de viaje. De pronto, uno de sus discípulos llega corriendo a informarle algo.

— Maestro.
— ¿Qué sucede?
— Tengo algo que decirle.
— Antes de que me lo digas, quiero hacerte tres preguntas. Si la respuesta a alguno de estos interrogantes es negativa, no es necesario que me digas nada.
— La primera pregunta es: Lo que me vas a decir, ¿es verdadero?
— No lo sé, no estoy seguro.
— Con eso bastaría para que no me lo dijeras. Aún así te haré las otras dos preguntas. La segunda es: Lo que me vas a decir ¿es bueno?
— No Maestro, no es bueno.
— Finalmente, lo que me vas a decir, ¿es útil?
— Ciertamente no es útil.
— Entonces sigamos caminando.

Cuando recordé estas condiciones, me puse a reflexionar. Durante el último año he dicho muchas cosas que no son útiles, a veces no son verdaderas y ciertamente no son buenas. Ni hablar de mi vida en su totalidad.

Creo que una gran sabiduría implica cuidar todo lo que sale de nuestra boca, el mismo Evangelio nos dice que «la boca habla de lo que está lleno el corazón». Si nuestras palabras son odio, odio es lo que tenemos dentro. Si nuestras palabras son de envidia, eso es lo que habita en nuestro interior.

¡Qué actitud tan difícil! Sólo hablar con la verdad, sólo decir cosas buenas, solo pronunciar frases que le sean útiles a los demás. Lo intentaré, porque creo que es una parte muy importante de la integridad a la que todos debemos aspirar. Espero que los que me conozcan, me ayuden a cumplir con estas tres condiciones para todo lo que quiera platicar.