Llegando a los 200 años

Por fin llegó el momento. Lo esperaban los mexicanos, lo esperaba el gobierno, lo esperaban los niños y los adultos, sobretodo los ancianos. Lo esperaban los que vivieron la revolución, la guerra cristera, el movimiento del 68 y muchas otras personas. Estamos a días de festejar el bicentenario de nuestra independencia como nación.

Algo nos hace cuestionarnos, nos hace dudar. ¿Es acaso una fecha digna de festejarse? En este momento ¿es lógico que se escuchen las explosiones de los fuegos artificiales por encima de los autos bomba, de los retenes y tiroteos del narcotráfico? ¿Es coherente celebrar el inicio de la lucha de una nación que buscaba libertad, igualdad y progreso si aún no ha conseguido la gran mayoría de sus aspiraciones?

Y es que no se trata sólo de cuestionar y evidenciar lo que está mal. Estoy seguro que a la gran mayoría de los mexicanos nos gustaría celebrar esta fecha haciendo un recuento de los grandes logros, evidenciando las diferencias que hay entre la calidad de vida actual y la de dos siglos antes. Sin embargo, por numerosos motivos no lo podemos hacer así.

Si no se puede recordar, nuestro festejo tal vez podría girar en torno a la inauguración de obras públicas, escuelas, infraestructura, avances tecnológicos y legislativos, como lo hizo Porfirio Díaz durante su gestión en el centésimo aniversario de nuestra independencia.

Parece que nuestro festejo será distinto a estas posibilidades. Lo que hemos visto, deja en evidencia que la celebración se centrará en la mercadotecnia, las ventas y los espectáculos; al pueblo, pan y circo.

De cualquier forma, es en la vida de cada mexicano que este festejo puede tomar una forma diferente. De nosotros depende aprovechar la alegría de estas fechas y convertirlas en un auténtico trampolín que nos impulse a trabajar más fuerte por conseguir las metas que se nos plantean en nuestro trabajo, nuestros estudios y nuestra familia. De nosotros depende rescatar y proteger los valores que siempre han guiado a nuestra gran nación. De nosotros depende combatir la corrupción desde nuestro interior, por mucho que cueste aceptar las malas prácticas establecidas en el sistema.

Podemos disfrutar el espectáculo, pero pasar la fecha solamente celebrando no es opción. Esta fecha debe ser una combinación de alegría y trabajo. México ya tiene ganada la mitad. Comencemos a trabajar.