Las lecciones que aprendemos de la historia

El otro día intentaba explicarle a un gringo el modo de pensar de los mexicanos. Cuando empecé a rascar en nuestra cultura actual, me di cuenta de que la historia de nuestro país ha dejado marcadas a generaciones completas con convicciones prácticamente imborrables. No necesariamente son racionales, ni siquiera lógicas, pero las tenemos escritas con sangre en nuestra historia. Estos son algunos ejemplos:

  • «Sufragio efectivo, no reelección» es una frase que resuena en el inconsciente colectivo de los mexicanos. Hoy en día, todos se asustan al pensar en reelegir a cualquier gobernante. Claro, ninguno de nosotros quiere una dictadura, y menos después de ver la situación que hoy viven varios países de América Latina. Sin embargo, ¿por qué países como Estados Unidos pueden manejarla sin perpetuar a un partido o persona en el gobierno? ¿No valdría la pena intentarlo para frenar la lucha voraz que se genera entre los legisladores y candidatos cada año en estados, municipios y federación?
  • El gran logro de Lázaro Cárdenas. La expropiación petrolera se dio en nuestro país al momento que la gente concedía al Estado una gran responsabilidad en la economía, bienestar y desarrollo de México. Lo cierto es que desde 1938, muchas cosas han cambiado en el país; su población, cultura, comunicaciones y situaciones políticas, sociales y económicas. Hoy el gobierno es incapaz de garantizar una economía estable, el bienestar de los habitantes y ciertamente se queda muy corto en las estrategias de desarrollo del país. Por eso, muchos miembros de la iniciativa privada y los ciudadanos han tomado en sus propias manos estas responsabilidades. No digo que sea malo que el petróleo pertenezca al Estado, pero es de analizarse si en el 2011 este sea el mejor modo de manejarlo.

Convicciones de este tipo hay muchas en el subconsciente mexicano. Podría hacer una lista mucho más larga, pero creo que es mejor analizar la historia que con nuestro presente estamos escribiendo. Me pregunto si lo que hemos vivido en los últimos años nos ha hecho reflexionar y establecer convicciones reales y lógicas que ayuden al progreso de México. O ¿acaso pensamos seguir debilitando a instituciones como la electoral y al gobierno federal sin proponer nada mejor? Las iniciativas que no construyen, lo único que logran es insertar un virus en lo más profundo de la sociedad que puede ser muy peligroso. Estemos atentos.