Una aventura que contar…

No muchas veces te encuentras buenas noticias en internet. Y es que parece que la realidad del mundo no nos inspira mucho. La semana pasada tuve la oportunidad de ir de misiones a la sierra de Puebla. Es el noveno año consecutivo que lo hago y no me arrepiento a pesar de estar pagando en estos momentos la revancha de Moctezuma.

En el momento en que te pones unos jeans, tenis, una camiseta con la Virgen de Guadalupe al frente y el crucifijo en la espalda para rematar con un paliacate rojo alrededor del cuello, no hay duda: estás de misiones.

La experiencia no tiene comparación con otra labor de acción social. Al llegar a una casa, se te abren las puertas, la gente te da la bienvenida y además de todo, te entregan su corazón. Cuentan cosas que tienen guardadas desde hace mucho tiempo en su alma, esperando que algún día alguien los escuche. No lo hacen por una bonita cara, sino porque para ellos eres un “enviado” de Dios y es una sensación que te hace sentir pequeño, indefenso.

Nunca olvidaré esta semana, porque me hizo recordar lo más importante: amar y ser amado. La necesidad que todos los hombres tenemos de Dios y de ayudarnos unos a otros. Es una aventura que tienes que contar, que no te puedes callar, porque te cambia la vida.

Les dejo un documental que hice sobre la Megamisión de Juventud Misionera, espero que les guste.