Adiós Bin Laden

El domingo en la noche al prender la tele en CNN me encuentro con una escena que me deja un sentimiento extraño. Son varios americanos brincando y festejando de alegría afuera de la Casa Blanca, cual mexicanos en el Ángel de la Independencia después de la calificación al mundial. Festejaban la muerte de Osama Bin Laden, gran terrorista, buscado por Estados Unidos durante más de diez años.

Festejo de la muerte de Osama Bin Laden«Esto ya lo he visto antes» pensaba y estaba haciendo un esfuerzo enorme por acordarme de dónde lo había visto. De repente me vino a la cabeza: fue hace diez años, en el ataque al WTC. Una imagen que se difundió por las grandes cadenas informativas de todo el mundo: musulmanes festejando la caída de las torres gemelas.

En ese momento algo me provocó aversión. Y la escena de festejo en Washington me provocó el mismo sentimiento. No quiero minimizar un crimen como el que ocurrió en Nueva York, mucho menos justificarlo. La tragedia del 11 de septiembre no fue un crimen contra Estados Unidos, sino contra la humanidad completa.

Aún así sigo sin entender qué se gana con festejar la muerte del autor intelectual de esos hechos. Es decir, entiendo la satisfacción y la sensación de que se hizo justicia. Entiendo que después de una herida moral tan profunda, todos buscan algo que de algún modo pueda repararla. Pero ¿festejar su muerte? ¿Festejar cualquier muerte? Es algo sin sentido.

La venganza pura nunca puede ser recta, nunca va a tener nada a favor, porque nunca trae nada bueno. Y es difícil entender esto para todos, desde que eres niño y otro te tira tu helado. Te corre fuego por las venas y lo único que quieres es que a él se le caiga también. La venganza nunca consigue justicia. No estoy hablando de las acciones militares de Estados Unidos, sino la forma de tomar la situación por parte de muchos americanos.

¿Qué ganaron? ¿Están más seguros ahora? Lo dudo. ¿Subió su calidad de vida? También lo dudo. Lo único que consiguieron es estar más contentos, pero no felices, porque la felicidad va ligada totalmente con la calidad de vida y con la calidad humana de cada uno y esto no lo consigue la muerte de Bin Laden, esto se construye día a día.