That awkward moment

puerto vallartaEl otro día estaba en el aeropuerto esperando el avión para volver a México. Ahí estaba… yo solo, así que no tenía mucho que hacer. El punto es que después de documentar la maleta, volteo y veo a un tipo en la fila.

“Este se me hace conocido” pensé yo. “Yo lo conozcoooo…. yo lo conozcooo…” No di en el clavo de inmediato. No, no era Luis “El Matador” Hernández (un día lo vi ahí, no me pregunten cómo me acordé de él). Resulta que era alguien que había ido conmigo en la escuela. Digo, no en el mismo salón, ni siquiera en la misma generación, pero ahí estudiaba y lo veía bastante seguido.

En la escuela nunca lo saludé, es más, creo que nunca he hablado con él en mi vida. El punto es que ya dentro de las salas de espera me lo topé otra vez y sucede uno de esos momentos incómodos, en que no sabes si saludar, sonreír o simplemente seguir tu camino. Incómodos no por lo que veas o sientas tú, (eso pasa con cualquier extraño) sino porque sabes que él también piensa lo mismo.

De hecho, lo peor llega cuando te encuentras viéndolo a los ojos por casualidad y él o ella también te ven a ti y los dos voltean a otro lado pretendiendo que nada pasó. Volteas a otro lado, buscas algo con qué entretenerte y ¡oh sorpresa! ahí aparece de nuevo. Puedes cambiar de dirección, seguramente lo verás por lo menos unas tres veces más. Ley de vida.

Eso sí, si sigues tu camino, te tienes que ver cool por si hay comentarios del otro  al respecto de la situación. Claro que todo esto es una conjetura, nada te dice que él lo vaya a comentar ni que tú lo vayas a hacer (a lo más que puedes llegar, es escribir sobre estas situaciones en internet).

En fin, de esos pequeños momentos se forma la vida. Creo que ya perdí la cuenta de todas las veces que me ha pasado.