Una pausa

pausa

Fue la imagen que mejor representa cómo me siento

Ya lo sé… Ya lo sé… Ni me digan. Soy débil, soy un pobre ser humano mortal que no pudo mantener su propósito de escribir seguido en su blog. Tal vez, para consolarme un poco, me digo a mí mismo que no importa la pausa en las metas, siempre y cuando sea eso… una pausa. Por lo menos algo así decía Rudyard Kipling: «Date una tregua, pero no claudiques». Espero que esa excusa se válida en mi biografía.

La verdad es que he estado ocupado, bastante. ¿En qué? Esa respuesta ya es más complicada. No es que mis tareas hayan incrementado exponencialmente. Al contrario, hago menos cosas que antes. Lo que pasa es que el tiempo de traslado a mi trabajo aumentó bastante, además de que hay varios impedimentos en la cultura laboral que no me dejan trabajar a mi ritmo (siempre he funcionado un poco al estilo Montessori). Lo cierto es que hay un momento en que te tienes que poner un alto y corregir el rumbo.

Siempre he tenido algo muy claro: trabajamos para vivir y no vivimos para trabajar. Claro que tienes que disfrutar tu trabajo, pero al final del día es eso… un trabajo. Hace poco escuchaba una conferencia sobre la esencia, que decía: tú no eres tu trabajo, y es cierto. Cuando nos preguntan la típica cuestión fundamental (¿Quién eres?), lo primero que nos viene a la mente es nuestra actividad productiva y ciertamente no somos eso.

Es complicado, pero es algo esencial para entender nuestro lugar en el tiempo y el espacio. Estamos en ese proceso. Prometo retomar el ritmo de escritura, porque además de que me gusta, me sirve, así que Y la vida sigue… sigue. Está claro, ¿no?