Enfoque en resultados

Acabo de redescubrir una cosa tan simple que puede sonar tonta: La vida no para. Por algo este Blog se llama Y la vida sigue… ¿A qué me refiero? Hace unos días alcancé una meta personal que llevaba luchando desde hace mucho tiempo, años incluso. La verdad fue un día de muchísima alegría, de mucha felicidad. Pero en todo el festejo, me di cuenta de algo: ese logro era sólo el comienzo de muchas cosas más.

Vivimos luchando durante mucho tiempo, incluso toda la vida para conseguir algo y a veces el resultado no corresponde al costo. Lo acabamos de ver hace poco en los juegos olímpicos. Jóvenes que entrenan exhaustivamente, dejando de lado su vida personal, sus estudios, e incluso, su familia para conseguir una medalla (o medallas en el mejor de los casos). Cuando yo los veía en el podio, pensaba: “¿Ese momento realmente vale lo que cuesta?” Aún no puedo responder. No entiendo cómo 3 minutos de gloria pueden satisfacer el trabajo de toda una vida.

Sin embargo, mientras más lo pienso, más lo entiendo. Claro que esos momentos nos llenan de alegría, nos ayudan a recordar que podemos lograr lo que nos proponemos, pero eso no nos puede mover siempre. Es una ironía, porque lo que parece un fin, en realidad es un medio y lo que parece un medio en realidad es un fin.

Realmente no luchamos por esos segundos de alegría, de festejo o de satisfacción. Si luchamos, es porque nacimos para luchar, para superarnos cada día de nuestra vida. Para hacer de nuestra vida algo grande, no solamente en algunos momentos, sino siempre. Detenernos es comenzar a morir.

Lo que tenemos que cambiar es el enfoque, ya que eso es lo que muchas veces nos detiene o nos decepciona. Llegamos al final de un gran trabajo y pensamos “¿Esto es todo?” Y ahí vienen las decepciones y depresiones, porque la recompensa no es proporcional al sudor de nuestra frente. O al revés, trabajamos pensando en los resultados y cuando estos no llegan, nos deprimimos.

Lo que debemos entender, y me pongo yo en primera persona, es que la felicidad no viene por el número ni la calidad de los resultados de nuestra vida, sino por la lucha y la superación diaria. Aún más, como decía la Madre Teresa, la cantidad de amor que ponemos en todo lo que hacemos. Así, siempre vamos a ganar, porque no importa lo que consigamos, sino el hecho de trabajar constantemente para aportar algo al mundo.