Dialogar contigo mismo

Hace poco leí un libro de Daniel Goleman que utiliza las herramientas de la inteligencia emocional para aplicarlas al liderazgo. La verdad fue muy interesante. Hubo varias que me gustaron, pero hay una en particular que es muy útil: el autocontrol. A lo largo de mi vida puedo contar con los dedos de una mano a las personas que tienen autocontrol.

Parecería increíble que la persona con la que pasamos más tiempo a lo largo de nuestra vida es la que menos nos conoce: nosotros mismos. Suena lógicamente imposible que alguien pueda no conocerse pero es más común de lo que parece. ¿Cuántas veces has tenido reacciones que creíste imposibles de hacer? ¿Cuántas veces te sorprendes a ti mismo de lo que puedes lograr? o ¿Cuántas veces otros hablan de características tuyas que ni siquiera te habías dado cuenta que tenías? Todos esos son síntomas de la falta de autocontrol.

Lo interesante, es que para que tengas control sobre ti mismo, no sirve solamente tener la buena intención. Es un cambio de mentalidad, como dice la palabra en inglés, otro mindset, es acostumbrar la mente para que vea, analice y reaccione diferente. Y para esto hay que empezar por el conocimiento de uno mismo.

La herramienta que más me ha servido para esto es el diálogo interno. No me refiero a hablar solo (pueden voltearte a ver un poco raro en un café). Es hacerte preguntas en la mente para conocerte mejor. ¿Cómo se hace? Todos tenemos malos días en que simplemente no estamos de humor, o a veces, todo lo contrario, vemos el pasto más verde que de costumbre. Esto se debe a los estado de ánimo por los que atravesamos.

Lo importante es acostumbrarnos a hacernos preguntas cuando identifiquemos nuestro estado de ánimo. Por ejemplo: ¿Por qué estoy molesto? ¿Con quién estoy molesto? ¿Los demás tienen que pagar por mi enojo? ¿Qué reacciones tengo cuando me siento así que están bien y cuáles están mal? ¿Qué me puede ayudar a sentirme diferente? En la medida en que hagamos esto, poco a poco, iremos concientizándonos de nuestros estados de ánimo, de nuestras emociones y de nuestras actitudes.

Cuando te vuelves consciente de esto, poco a poco aprendes a controlarlo y a tener la emoción adecuada en el momento adecuado, independiente a tu estado de ánimo. Últimamente he hecho esto y me ha servido mucho, espero que poco a poco la gente de alrededor de mí lo vaya notando.