Más allá del cielo

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Pensando el título de este post, se me ocurrió el nombre de la campaña de Tequila Centenario, donde rifan entradas para un concierto exclusivo de Fun. y Martin Solveig. Sin embargo, de lo que quiero hablar no es precisamente de marketing.

Últimamente he pensado mucho, ¿existe el cielo? Muchos dicen que solo es una excusa, un invento para vivir tranquilos, o más bien, para no morir intranquilos. Dicen que es un invento psicológico que nos sacamos los hombres para tener esperanza en la vida.

Hace poco, escuchaba a alguien decir: “Si no hay cielo, prueba todas las drogas. Si no hay cielo, dedícate a acumular riquezas. Si no hay cielo, ve toda la pornografía y métete con todas las mujeres que quieras. Si no hay cielo, piensa solamente en ti».

Tiene toda la razón. Si no hay cielo, si no esperamos nada a cambio de nuestra vida, ¿qué caso tiene luchar? ¿qué caso tiene esforzarnos? Si aparentemente, el que no tiene ética ni valores siempre se sale con la suya…

Pero creo que esa es una visión que a ratos se puede quedar un poco corta. El cielo no es solamente una recompensa, como la croqueta de un perro o el dulce de un niño después del dentista, el cielo es la prueba de que el bien existe.

Continuamente, cuando buscamos dentro de nuestro corazón encontramos cosas buenas y malas… Blancos, negros y muchos tonos de gris. Sin embargo, al limpiarlo, nos damos cuenta de que hay algo muy bueno dentro de cada uno de nosotros. El bien existe y es posible.

Cuando alguien muere o cuando nosotros acariciamos la muerte, por muy religiosos, fanáticos o ateos que seamos, nos gusta pensar que el cielo existe. Tanto, que no se vuelve solo un pensamiento, se convierte en una certeza. Las personas que fueron luz para los demás en su vida no pueden terminar su existencia así, tan abruptamente, tienen que tener un lugar y el cielo es ese lugar

Para mí, el cielo es el lugar donde el bien alcanza su perfección. Si nos damos cuenta de los destellos de bien en nuestra vida, es porque el bien supremo y perfecto existe. Si el sufrimiento a veces nos impide ver el bien, en el cielo se acaba ese sufrimiento.

El cielo no solo es una recompensa, porque una recompensa es solamente una consecuencia. El cielo es nuestro destino, porque es hacia donde todos queremos llegar. No es algo secundario, es el fin de nuestra existencia. Vivir con esa certeza, da esperanzas, da alegría. Te hace vivir totalmente diferente.

Ni ojo vio, ni oído oyó lo que Dios tiene preparado para lo que lo aman.

— 1 Cor. 2, 9