“Al confesionario…”

confessionalEsa frase era muy famosa hace algunos ayeres. Todos recordamos la voz de Big Brother llamando a los participantes al confesionario, donde se dedicaban a destrozar la reputación de los demás participantes buscando quedarse en la casa. Bueno, ese no es el tipo de confesionario al que me refiero. Más bien hablo del clásico, el confesionario tipo ave-maría-purísima-sin-pecado-concebida.

Me encontraba yo en la fila (aunque no hay mucha porque es una de las costumbres que estamos perdiendo). No tardé mucho en pasar y al terminar la confesión, vinieron las palabras del padre:

«Sé bueno. Pídele a Dios fuerzas para que puedas ser cada vez mejor. Lucha, sé bueno, pórtate bien. Sé muy bueno y acércate a Dios para que te ayude a ser bueno».

No estoy exagerando ni parodiando las palabras del padre. Así fueron textualmente. Algo me quedó claro: debo ser bueno. Además de todo, debo confesar que no es la primera vez que oigo ese speech y puedo asegurar que más de uno de mis queridos lectores han escuchado esas palabras y conocen al padre del que estoy hablando. Es como si pronunciara el discurso de manera mecánica.

«O este está aburrido de confesar o no sabe decir nada más» es lo que yo pensaba. Pero bueno, una vez confesado, ya no le ponía mucha atención al tema.

Pues resulta que hace poco fui a misa y el padre que celebraba era el famoso confesor. Hubo un momento en que dijo: «Pues hoy es un día muy especial para mí porque cumplo 40 años de ordenado sacerdote». Toda la gente le dio un fuerte y largo aplauso y el padre con lágrimas en los ojos lo agradeció y añadió: «Para mí es un privilegio ser sacerdote y poder servirles y ayudarles a ustedes a ser cada vez mejores».

Ya no era el padre que me imaginaba dentro del confesionario. Era una persona de carne y hueso que estaba orgullosa de su vida y su vocación. A pesar de que no es el mejor confesor, me queda claro que es alguien que lucha todos los días por cumplir su misión en el mundo y eso a veces, le da la más credibilidad y autoridad a una persona (mucho más a un sacerdote) que la oratoria.

Así que la próxima vez que vaya a confesarme y escuche:

«Sé bueno. Pídele a Dios fuerzas para que puedas ser cada vez mejor. Lucha, sé bueno, pórtate bien. Sé muy bueno y acércate a Dios para que te ayude a ser bueno».

Me lo tomaré más en serio, porque me lo está diciendo alguien que ha luchado toda su vida por ser bueno… y estoy seguro que lo está logrando.