Francisco, el Papa que todo mundo estaba esperando I

Papa Francisco

Ya he escrito sobre mi querido Benedicto XVI. Creo que fue un gran Papa, comenzó a poner en orden muchas cosas de la Iglesia. No es fácil, porque como cualquier institución, está sujeta a crear algunos vicios y más si tiene 2000 años de antigüedad. Pero lo más importante de Benedicto XVI lo veremos en un futuro, ya que su espiritualidad es un gran regalo que habrá que ir desentrañando poco a poco.

Después de su renuncia todos rezábamos por un buen Papa. La gente menos religiosa pedía que fuera bueno. De pronto, aparece el famoso humo blanco, y unos minutos después con la expectativa de todo el planeta, se abre el famoso balcón y aparece la tradicional figura el papa, pero con una diferencia: era la sotana blanca simple, no la que acostumbraban usar los pontífices anteriores.

Francisco fue el nombre que eligió. Desde hace tiempo, san Francisco de Asís es mi santo favorito por su autenticidad, su sencillez, su sacrificio. Los autores coinciden en que es el santo que más se ha parecido a Cristo. Les confieso algo, antes de que se eligiera al Papa, yo pensaba: «Ojalá que se llame Francisco». Fue de esas ideas que llegan a la mente y se van igual de rápido.

En los siguientes días, el Papa se reunió con los periodistas. Dijo que durante la votación, un cardenal lo confortaba y que cuando lo eligieron, le dijo: «No se olvide de los pobres». «Cómo me gustaría una Iglesia pobre», dijo al hablar con los periodistas. Y no se tardó en hacerlo notar. No quiso vivir en los departamentos Papales, sino que continúa viviendo en Santa Martha, la residencia de los cardenales. Cambió el trono por una silla blanca sencilla. Predica desde el ambón, no desde la silla y a menudo sin la mitra.

Todos son símbolos que se han formado a lo largo de la historia y que tienen un significado profundo, que no tiene que ver con la soberbia ni con el poder, todo lo contrario. Pero el mundo hoy no ve ese significado y era necesario que un Papa los retirara un poco para poder centrarnos en su mensaje. Haciendo la forma más sencilla el fondo también se vuelve más sencillo.

«Argentino, argentino pero muy sencillito». Fue uno de los comentarios que hicieron unos peregrinos mexicanos en la Jornada Mundial de la Juventud. A todos nos llamó la atención su sencillez, hasta a la revista Vanity Fair, que lo nombró el hombre del año. De esas ironías que la revista de la vanidad seleccione a una persona por humilde. Su sencillez se nota en todo lo que hace, dice y piensa.

Me di a la tarea de investigar de dónde vienen esos gestos, así que compré el libro “El jesuita”, famoso porque sus autores han sido los únicos que pudieron conseguir una larga entrevista con el Card. Jorge Bergoglio. Lo visitaron cada semana por varios meses y hablaron con él de varios aspectos de la vida, la cultura, la Iglesia y la sociedad. Al leerlo, puedes conectar perfectamente los gestos que el ahora Papa tiene, con los gestos que tuvo el Cardenal, Obispo y Padre Bergoglio anteriormente.

Es argentino y muy orgulloso de serlo, pero proviene de una familia italiana. De ahí el sentido de familia tan arraigado que tiene y su gusto por el arte, la literatura especialmente. Es un gran fanático de la poesía, lo que demuestra su cercanía a los sentimientos humanos. Amigo de Jorge Luis Borges, tanto, que lo invitaba a la escuela jesuita donde daba clases de literatura, para que impartiera una clase especial.

Su sencillez no es nueva ni es pantalla. No vivía en la casa del arzobispado, sino en su departamento de siempre, tomaba el metro y el camión. Visitaba las cárceles, le gustaba salir y estar con la gente. Se daba cuenta de sus errores y no le daba pena contarlos. Como la vez que se molestó por tener que ayudar a un indigente antes de tener que tomar el tren. Él mismo cuenta que la providencia ayudó a retrasar el tren, así que no lo perdió. Esa lección lo dejó marcado, porque aprendió que todo tiene su momento y que nunca hay que desperdiciar una oportunidad para darse a los demás.

Continuará