No fracasar nunca

Nuestra mayor gloria no consiste en no haber fracasado nunca, sino en habernos levantado cada vez que caímos

La vida es dura, de eso no hay duda. Como decía Steve Jobs, la vida te va a golpear en la cara con un ladrillo y es cierto, yo por lo menos he soportado ladrillos, tabiques, cantera, piedra de río y alguno que otro material de construcción en la cara. Pero lo mejor de todo, es poder aceptar que todo eso está bien. Sin esos golpes, la vida padecería de una especie de inflación, porque cualquiera podría conseguir lo que quisiera de modo fácil y rápido y todo perdería su valor.

La capacidad de levantarnos ante nuestros fracasos para volver a intentar, nos da la fuerza para conseguir algo mejor. La corrección de rumbo nos puede llevar por caminos desconocidos pero mucho más apasionantes que el original. Pero para esto, hay que cultivar ciertas actitudes que nos ayuden a no rendirnos y levantarnos cada vez que caemos:

  • Sentido auténtico de la derrota. Cuando eres niño, nunca falta el típico primo que cuando te gana jugando Monopoly, te restriega en la cara que eres un perdedor o que estás ardido. Esto provoca en ti unas intenciones brutales de ahogarlo en el lavabo de casa de tu abuelita. Pero como no puedes pensar muy bien el macabro plan y podrías terminar castigado dos semanas, mejor te conformas con aceptar la derrota. Y así es la vida, hay que aceptar cuando las cosas no salen, aprender y volver a intentar.
  • Imaginación. Cuando las cosas no salen como queremos, es obvio que algo estuvo mal y sería ilógico repetir lo mismo porque obtendríamos exactamente el mismo resultado. Así que tenemos que ser muy creativos para idear nuevas formas de conseguir lo que queremos.
  • Sentido auténtico del triunfo. Por otro lado, cuando ganamos, nos quedan unas ganas terribles de acercarnos a nuestro contrincante y gritarle: “¡En tu jeeeeeeeeeeta!” Pero hasta para triunfar hay que tener estilo y guardar la compostura. Y ya, hablando en serio, no me refiero a los juegos de mesa, sino a la vida. En cada triunfo y cada éxito hay que tener la humildad suficiente para saber que nada es definitivo y que los triunfos no nos hacen superiores a nadie.
  • Generosidad. Ante una victoria, hay que saber compartir el éxito, primero, reconociendo a todos aquellos que te ayudaron a llegar a él y segundo, ayudando a otros menos afortunados que tú.

No te rindas y sigue intentando. Ese es el éxito. ylavidasigue-iconofin