La verdadera riqueza

No es dichoso aquel a quien la fortuna no puede dar más, sino aquel a quien no puede quitar nada.

Que si Bill Gates, que si Carlos Slim, ¡ah no! Bill Gates otra vez, ¡no! Slim, ¡no! Gates. Después de ver la misma historia por años, aburre. Y aburre además, porque ni Carlos Slim ni Bill Gates son los más ricos de la tierra. A ellos, todo eso se les puede quitar. Y creo que lo resentirían mucho.

La riqueza no se mide en posesión sino en deseo. Y el deseo se mide de modo inversamente proporcional a la posesión. Es decir, entre menos deseamos, más ricos somos. ¿Por qué? Porque nos desprendemos de cosas que no necesitamos para vivir. Cuando aprendemos a no desear las cosas, ahí es cuando más ricos somos, porque es cuando somos verdaderamente libres.

¿Qué duele más, la pobreza o el orgullo? Me atrevo a decir que lo segundo. Alguien que vivía una vida de clase socioeconómica AB+ y de pronto, por una mala decisión o por mala suerte pierde todo o casi todo y termina viviendo tranquilamente en una casa de clase media, se deprime, está triste, no deja ir de su mente esos días de gloria. Lo que le dolió no fue perder el dinero, porque no le falta nada. Lo que le dolió fue perder su estatus, su personalidad, su fama. Y entonces se vuelve verdaderamente pobre, porque empieza a desear todo, a anhelar cosas que no posee y aunque las posea, no sirve de nada.

Así que tenemos que luchar diariamente (y cuesta mucho), por aprender a agradecer lo que tenemos y valorar mucho más lo invisible que lo visible. De esta forma seremos verdaderamente dichosos.