Carta a mi primer amor

Debo confesarte que te he extrañado últimamente. Es una sensación rara, porque antes de que nos separáramos nunca creí que lo haría.  Será que en ese momento me sentía diferente y era diferente.

Me he dado cuenta de que sin ti no soy el mismo, no porque cambiara a tu lado, sino porque tú me hacías mejor. O tal vez soy el mismo, pero solamente mostrando la peor de mis caras.

Todavía recuerdo cuando te conocí, en esos años de juventud, donde las sensaciones son intensas y donde el corazón aún no se rompe. Son esos años donde crees en la bondad de las personas, sin dudarlo un segundo.

De tu bondad nunca dudé y aún hoy, sigo sin dudar… a pesar de la traición de otras personas. Pero tú no eras como ellas, tú eras diferente. Tú eras de otros aires. Es como si hubieras vivido siglos atrás y al mismo tiempo, como si hubieras nacido ayer. Me pregunto si sigues siendo igual, pero al mismo tiempo, conozco la respuesta.

Siempre tenías la razón, hasta cuando las circunstancias indicaban todo lo contrario. Eras mi faro en medio de la obscuridad.

Éramos inseparables. Cada vez que lo pienso, sonrío involuntariamente. Cada día, quería ser mejor que el anterior y era para agradarte más a ti. Hoy que nos hemos distanciado, cada vez me agrado menos a mí mismo.

Poco a poco y sin explicación alguna, nos fuimos alejando. Ya sé, es descarado hablar en plural ahora. Aquí estoy escribiéndote y aún así, tengo la insolencia de disolver mi culpa mezclándote a ti en ella.

Fui yo el que me retiré, fui yo el que se distanció. Creí que sin cuidarla, nuestra relación iba a seguir igual. El espacio entre nosotros crecía y mientras más lo hacía, más yo lo negaba.

Me preguntaban por ti y por un rato lo pude disimular, hice creer a todos que seguíamos igual, que estábamos enamorados. Pero con cada mentira, la separación creció.

Al principio, no lo niego, no hubo dolor. Después de todo, no habíamos terminado, tú nunca lo hubieras permitido. Así que yo, poco a poco te fui guardando como un recuerdo en mi memoria. Te confundí con las cosas, te mezclé con el tiempo, revolví tus palabras con las mías, con las de los demás. Y así conseguí separarme.

¿Por qué no puede todo ser igual que antes? Sin miedos, sin enojos, sin tristezas, sin desconfianzas. ¿Por qué no podemos olvidar y comenzar de nuevo? Corrijo, ¿por qué no puedo? Tú ya olvidaste, tú olvidas después de perdonar y para perdonar, lo único que necesitarías sería que yo te lo pidiera desde el fondo de mi corazón, con una mirada sincera.

Lo cierto es que tanto tiempo después, siento miedo acercarme a ti. No por el gusto que te daría, sino por la vergüenza que tengo de presentarme frente a ti, con la cara sucia, con el alma caída. No soy el mismo y me da miedo que tal vez no te enamores de quien me he convertido.

Pero al mismo tiempo, te digo ‘regresa, por favor te lo pido’. Tú tal vez no habrás cambiado, pero yo ya soy distinto. Tal vez, si volvemos a estar juntos y a pasear los domingos mi vida cambie y regrese por tu camino. Quizá del domingo pasaremos a otros días y todas las fechas sean nuestras. Quizá puedo volver a ser parecido, o tal vez tu cercanía me convierta en otro ser distinto.

No lo sabes, pero te he mirado de lejos y veo que sigues igual, como si el tiempo no pasara por ti. Pensé que te gustaría escucharlo. Gracias porque nunca me has dejado, no sé si lo sabes o no te has dado cuenta, pero tu presencia y tu existencia continúan siendo mi razón de vivir. Es esa luz tenue que sigue iluminando mis días, mi porqué… mi vida.

Tal vez podamos, si tú quieres, volver a comenzar, levantarnos y andar…