Errores de continuidad

Todavía me acuerdo una de las primeras clases de cine de la carrera. Nos estaban explicando la importancia de la continuidad en las películas. La explicación más básica que nos dieron, fue: «Es cuando en el corte de una toma o una escena, algo no coincide y provoca, que la película se vea que está mal hecha».

Estos errores se notan cuando la posición de los actores no coincide entre tomas, los colores, la vestimenta o las palabras cambian. Si quieres ver un ejemplo de esto, solamente revisa las primeras 2 películas de Harry Potter, Los episodios I al III de Star Wars o cualquier telenovela de Televisa (bueno, hay niveles claramente). Digamos que estos errores nos distraen de la historia, que es lo importante.

Hace poco, leí un ensayo de Mary Catherine Bateson, que habla precisamente de la continuidad, pero no en el cine, sino en la forma en que contamos nuestra vida.

Digamos que la sociedad actual nos empuja a contar nuestra vida de una forma continua. A todos nos gusta escuchar historias que tenga un sentido perfecto, que no estén dividas por nada (tal vez por eso, cada vez más gente prefiere ver los contenidos de la TV sin comerciales). Todos hemos visto alguna película biográfica en la que el personaje principal, de niño o de joven, encuentra algo que mueve su alma y su corazón y que ‘predice’ por decirlo de alguna forma, cómo será en el futuro.

Así es como las películas biográficas de Mandela, Jobs, Juana de Arco, Salvando al Sr. Banks, La Red Social y muchas más nos cuentan la vida de diversos personajes de la historia. A todos nos gusta ver cómo las personas claves de la humanidad desde siempre han tenido un instinto, gusto o experiencia que los orilló a hacer lo que hacen.

Lo cierto es que la vida no tiene nada que ver con eso. Nuestra vida, la de la gran mayoría, está llena de cambios de dirección, de dudas y circunstancias externas que nos hacen voltear para otro lado y ajustar el camino. A veces transformar nuestro destino y a veces solamente posponerlo.

Sin embargo, cuando tenemos que contar nuestra vida, la tratamos de armar como una historia continua. Ahí es cuando todo se complica. A veces, nos duele aceptar y contar las discontinuidades de nuestra vida. Nos gustaría verla como una línea continua que lleva una dirección clara. Pero cuando hacemos esto, lo único que logramos es esconder los hechos que nos han traído hasta donde estamos hoy o negar por anticipado los cambios y sacudidas que pueden venir. Esto nos hace mucho menos adaptables al cambio y a la vida.

¿Cómo lidiar con la discontinuidad de nuestra vida?

Me gustó mucho cómo Bateson da un consejo para lidiar con la discontinuidad, el miedo y la frustración que puede ocasionar: Simplemente, se trata de buscar hilos de continuidad dentro del total. Esto quiere decir que para ajustarnos al cambio, necesitamos encontrar analogías, paralelismos y comparaciones entre nuestra situación anterior y la actual. De lo contrario, nunca vamos a saber cómo aplicar lo aprendido, las capacidades adquiridas y la madurez que hemos ganado a lo largo del tiempo y esto puede afectar mucho el sentido de nuestra vida.

Una de las mejores formas de hacer esto es encontrar una variable fija en la vida. Esa variable podemos ser nosotros mismos, nuestra profesión, nuestro hobby, Hay que encontrar ese hilo de continuidad, que nos va a permitir que las otras variables tengan mucho más sentido. Así, no va a importar si los planes se alteran un poco, porque encontraremos la forma de ver que sigue existiendo un camino común, aceptando también que ese camino tiene discontinuidades.

Aceptar nuestras discontinuidades nos puede ayudar a conocernos mejor, ser más felices y crecer como personas y a los demás los puede ayudar a encontrar ejemplos a seguir a pesar de las discontinuidades. ylavidasigue-iconofin