¿Aprenderá la economía de la crisis del COVID-19?

No sé ustedes, pero al inicio de la contingencia y del encerrón, recibí cerca de 30 mails de cada una de las empresas que tienen mi dirección. Servicios de mensajería, restaurantes, parques de diversiones, hoteles, escuelas, marcas de ropa y claro, aerolíneas.

Todos esos mensajes eran 3 o 4 párrafos de su CEO o director general anunciando las medidas que estaban tomando ante el COVID-19 (Aunque la principal — que fue cerrar el negocio — la tomó el gobierno por ellos). Explicaban que modificarían sus servicios, sus horarios, sus protocolos de higiene… que iban a ayudar a sus empleados. Muchos de ellos inclusive, pedían ayuda del público para comprar vales canjeables a futuro, pedidos para llevar o ponían a disposición de la gente productos que normalmente no se vendían en sus tiendas y que eran más útiles en esta crisis.

El tono de todos esos mensajes era positivo, pero sin duda, dejaba de lado hasta la personalidad de la marca. Empresas reconocidas por su exclusividad y lujo mandaron mensajes igual de preocupadas. Algunas aerolíneas (que cobran por gramo que subes al avión y te cargan hasta por un vaso de agua), ahora pedían que compraras vuelos por adelantado con opción de cambio de la reservación gratis.

Sin duda, este momento a todos nos puso a temblar, desde los negocios locales, hasta las petroleras transnacionales. Por primera vez nos dimos cuenta de que todos dependemos de todos. Que el mercado accionario, por muy independiente que se vea, sigue anclado en personas de carne y hueso, no solo en suposiciones financieras.

A nadie nos gusta ver así la economía, sabemos lo grave que es que todo en el mundo se detenga. Pero en medio de esto, hay algo que poca gente se ha detenido a pensar: Tal vez esta nueva economía es algo bueno.

Hace unos días, Simon Sinek, en entrevista con Inc. dijo esta observación que me llamó muchísimo la atención:

“Hoy estamos viendo a todas las empresas luchando por sobrevivir y salir adelante por ellas mismas, ninguna está tratando de elaborar estrategias para aplastar a su competencia”.

Simon Sinek, autor y consultor.

Muy cierto. Todas estas estrategias de cada una de las empresas en su propio ramo, lo único que buscan es poder mantener a sus empleados, poder continuar con sus ventas (o un porcentaje razonable de ellas). Todo el espionaje industrial, el monitoreo de la competencia, las descalificaciones o las guerras de precios se han detenido.

Es producto del miedo y del instinto de supervivencia, lo tengo clarísimo. Un animal atrapado en una red, deja de agredir a un humano que lo está tratando de ayudar, porque lo primero es sobrevivir. Pero ¿no sería bueno considerar esta óptica para cuando las cosas nuevamente tomen su rumbo?

¿Qué pasaría si al volver a la normalidad nos enfocáramos más en lo interior y en volver a nuestra marca o producto excelente para que sobreviva por sí solo, en lugar de pensar estrategias que pretendan pisarle los talones o incluso aniquilar a la competencia? ¿No sería mejor?

Entre más lo pienso, más estoy convencido que esa sería la mejor estrategia y táctica de negocio. En parte porque lo he vivido. En uno de mis trabajos, me tocó implementar una “nueva estrategia” para la empresa propuesta por un consultor al director general. De lo que se trataba, era de copiar todo lo que hacían las demás compañías del ramo… idéntico. Las marquesinas de las sucursales, los productos, los mensajes, la manera de vender y cobrar… todo.

Claro que dio un ligero resultado (más por el impulso institucional y presupuestal que se le dio, que por la estrategia en sí misma). Pero al cabo de un tiempo, la tendencia de crecimiento y ventas no permaneció. Porque como humanos, estamos atraídos a lo auténtico, no a las copias. Para esos productos y servicios ya había un líder y la gente no lo iba a cambiar por una imitación. Para ganarle a ese líder, había que ofrecer algo único y auténtico, no “lo mismo pero más barato“.

En uno o dos años, veremos qué empresas aprendieron esta lección y cuáles intentan volver a las antiguas prácticas. Yo por lo menos, tendré presentes a las aerolíneas que hayan aprendido a valorar a los pasajeros por encima de 2 centímetros más en mi equipaje de mano. 😒

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