Formula 1: Drive to Survive, no hay duda

La Fórmula 1 está llena de historias que valen la pena contarse. Prueba de ello son películas como Rush o Senna, que te mantienen al borde del asiento. Esto es producto de un gran guión y grandes actuaciones, ¿cierto? Me acabo de dar cuenta de que no. La emoción, la pasión, la sorpresa, el coraje y la adrenalina que se sienten son producto directo de la Fórmula 1.

¿Cómo lo sé? Viendo la serie documental de Netflix, Formula 1: Drive to survive. Nunca me imaginé y nunca me había pasado que un documental pudiera tenerme pegado a la pantalla y regresando una y otra vez para no perderme ni siquiera los segundos en que volteé para darle un trago a mi cerveza.

Cuando comienzas a ver un documental, normalmente esperas que te conduzca por el gran esquema de las cosas, que te revele alguna verdad, que aprendas algo o que te muestre escenas detrás de cámaras. Pero pocas veces consiguen transmitir las emociones de cada una de las personas que aparecen a cuadro. Esta serie lo logra, en parte por la esencia del deporte mismo, en que la adrenalina corre a toda velocidad (literalmente) y en parte por la manera en que está producido.

Cada capítulo va contribuyendo a la narrativa completa de la serie y esto es más complicado de lo que parece, ya que están documentando acontecimientos inesperados que cambian por segundo. En cada entrega conocemos a alguno de los equipos y a una sede de las carreras. Esto es un trabajo titánico, ya que cada carrera es impredecible y capturar las emociones, declaraciones o reacciones de los involucrados en momentos clave es sumamente difícil y la serie lo hace a la perfección.

Los ojos de todos los sujetos del documental reflejan principalmente una cosa: ambición. En unos casos es una ambición de ganar, de ser mejor, de superarse y de disfrutar. En otros, es la ambición de dejar atrás a los demás, de sentirse mejor, de venderse a sí mismos, de querer más a toda costa.

Trailer oficial de Formula 1: Drive to survive

La F1 y sus reglas favorecen ante todo la competencia, incluso entre pilotos del mismo equipo. Al entrar al mundo de las carreras durante la serie, entiendes los roles que juegan los dueños, los patrocinadores, los pilotos, los ingenieros, los directores de los equipos, los fabricantes y más. Durante todo el documental, es palpable cómo las relaciones entre todos los actores involucrados penden de un hilo siempre, a menos de que vayan ganando. Es una tensión constante que se refleja en la pista.

Después de ver la serie es inevitable cuestionar la moralidad de prácticamente todos los involucrados en este deporte, lo que la hace sumamente interesante, pero también asusta. La falta de reglas para contrataciones y negociaciones junto con los constantes juicios de los medios y los fans favorecen esto, provocando que a media temporada se anuncien renuncias, cambios de contratos y de pilotos. Pocas personas (o casi ninguna) en el documental reflejan lealtad hacia nada, a veces ni hacia ellos mismos. Se podría hacer un gran análisis de todo esto en cada capítulo.

La imagen de México

Siempre es interesante ver cómo se percibe a México en otros países y por distintos públicos. En este sentido, Netflix queda a deber enormemente con la manera en que capturan el espíritu de México y del Gran Premio. Nuestro país ha sido acreedor a varios reconocimientos por la mejor organización de carreras de la F1. Sin embargo, contrasta mucho la manera en que se presenta la Ciudad de México a comparación de otras en la serie. Después de impresionantes tomas aéreas de Mónaco, Paris, Inglaterra, Australia y hasta Azerbaijan, acompañadas de comentarios de lo mítico de la carrera, de la calidad del público y demás… al llegar a México se ve una toma del autódromo, seguido por un policía dirigiendo el tránsito a media calle. Es todo. Más adelante, se ven algunas tomas del Viaducto (que no es precisamente patrimonio cultural de la humanidad 😕). Esto solo me deja pensando que nos falta mucho que hacer para ganar respeto y mejorar nuestra percepción a nivel internacional.

La calificación

Formula 1: Drive to Survive es una vista obligada tanto para fans del deporte como para aficionados casuales. La puede ver cualquier persona, aunque no tenga conocimiento o no siga de cerca la Fórmula 1. El título lo dice todo con el juego de palabras que utiliza: todos los involucrados en este deporte deben tener un instinto de supervivencia para salir adelante y crecer. Drive to survive, no hay duda.

La calidad de producción, la edición, el guión, las tomas y hasta el audio son impecables. Es una calidad por demás superior a prácticamente cualquier otra serie documental o incluso documentales cinematográficos. De lo mejor que hay disponible en Netflix, dos temporadas de 10 capítulos que vale la pena ver completos y con gran atención.

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