Creatividad que no se termina

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Hay una escena en la película original de Mary Poppins que tengo muy grabada. Se trata de cuando Mary, Bert y los niños se meten a un dibujo pintado en la banqueta y tienen varias aventuras dentro con algunos personajes de caricatura. La diversión termina cuando empieza a llover y el dibujo se borra del pavimento, lanzando a los protagonistas fuera del cuadro y de la fantasía. En ese momento, Mary Poppins dice: “¡Oh no Bert! ¡Se arruinaron tus dibujos!” a lo que Bert con su aire siempre positivo responde: “De donde saqué estos, puedo sacar muchos”.

Cuando trabajas en algo relacionado con creatividad o propiedad intelectual, es fácil volverte celoso de tus ideas. No quieres que nadie las copie, que nadie las use sin tu permiso, que nadie las destruya o las critique. Después de todo, son tus ideas y de nadie más.

Sin embargo, creo que una persona creativa no se define por una sola idea, sino por la capacidad de generar ideas nuevas todo el tiempo, mejorando cosas que ya existan o empezando algo de la nada. Haciendo mezclas de géneros, medios, procesos, palabras y símbolos.

Crear implica siempre tomar insights del mundo en el que vivimos para pasarlos por el filtro de nuestra mente, sentimientos, gustos o habilidades y poder hacer algo nuevo y único. Nadie puede darle el mismo toque y el mismo enfoque que nosotros y esto es lo increíble de la creatividad, que todos podemos hacerlo.

Todos podemos crear algo, todos podemos mejorar algo y todos podemos copiar algo. Me acuerdo en una clase de administración, donde el profesor nos expuso la matriz para hacer un análisis de las ventajas competitivas de un negocio. Incluía preguntas como:

  • ¿Ya existe en alguna parte del mundo?
  • ¿En qué categoría se mueve?
  • ¿Es fácil de copiar?
  • ¿Existe algo parecido en ese rango de precio o con ese servicio?

Lo cierto es que las ventajas competitivas de las empresas no son eternas, así como las ideas, una vez que ya pasaron de moda, se copian y se transforman y pierden relevancia. Eso para mí implica que la verdadera ventaja competitiva está en la capacidad de crear, de inventar y reinventar. Porque esa es una fuente interminable de ideas que pueden encontrar su camino en el mundo.

¿Te acuerdas de cuando eras niño? Creías que todo lo que se te ocurría y descubrías era único en el mundo. Nadie había pensado lo mismo que tú, por lo menos así se sentía, porque eran conclusiones, pensamientos, reflexiones e inventos que nunca antes habías visto. Cada idea te emocionaba y te llenaba, hasta que encontrabas una nueva y mejor.

Pero en algún momento crecimos, y vimos que el hilo negro ya existe y que no hay nada nuevo bajo el sol. En ese momento, dejamos de experimentar, de hacer cosas nuevas, de intentar otras maneras, aunque no sean las más recomendadas. Y eso no debe ser, debemos siempre estar creando cosas nuevas.

No se trata de sentirnos especiales, ni de pensar que las ideas que tenemos son únicas e irrepetibles. Especialmente cuando están basadas en estereotipos o clichés. Se trata de darnos cuenta que tenemos una capacidad infinita de innovar a nuestra manera, con nuestro estilo y tenemos que aprovecharla.

Entre más creamos, más ideas nos llegan. Entre más ideas tenemos, más cosas creamos. Es un ciclo positivo de innovación e imaginación que vale la pena fomentar.

Así que en lugar de pensar que alguien copió tu idea o que tu trabajo se arruinó, sigue creando cosas nuevas, porque, como diría Bert: “de donde sacaste esa, puedes sacar muchas”.

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