No fracasar nunca

Nuestra mayor gloria no consiste en no haber fracasado nunca, sino en habernos levantado cada vez que caímos
Cuando eres niño, nunca falta el típico primo que cuando te gana jugando Monopoly te restriega en la cara que eres un perdedor, que estás ardido o que quisieras ser él en ese momento. Esto provoca en ti unas intenciones brutales de ahogarlo en el lavabo de casa de tu abuelita. Pero como no puedes pensar muy bien el macabro plan y puedes terminar castigado dos semanas, mejor te conformas con aceptar la derrota.