El desplome de los ídolos

Al desplomarse un ídolo, arrastra en su caída los sueños de miles que creían en él

Resulta que hace siglos creamos un becerro de oro. Era más fácil adorar a un becerro que alabar algo que no podemos ver. Pero las circunstancias no han cambiado mucho. Seguimos fabricando ídolos, pero ahora no son siquiera de oro, son de carne y hueso y ese material es mucho más frágil que cualquier metal.